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Jeremías

Capítulo 21
Nueva Traducción BibliaTodo (estudio)
1

Los números pequeños indican el versículo y no forman parte del texto.

📚 Introducción al libro de Jeremías

Jeremías: la palabra fiel de Dios entre el juicio y la esperanza

Jeremías acompaña a Judá en las décadas que conducen a la caída de Jerusalén y continúa hablando en medio de sus consecuencias. Denuncia una fe que conserva sus símbolos mientras abandona la justicia, enfrenta las falsas seguridades y anuncia el juicio de Dios sobre su pueblo y sobre las naciones. A la vez, proclama que el Señor no ha agotado su propósito en la destrucción: promete reunir, perdonar y establecer un nuevo pacto. Esa esperanza encuentra su centro salvador en Jesucristo, el Rey justo y mediador que nos reconcilia con el Padre.

El profeta, Baruc y la formación del libro

Jeremías 1:1–3 identifica al profeta como hijo de Hilcías, procedente de los sacerdotes de Anatot, en Benjamín. Sitúa el comienzo de su ministerio en el año trece de Josías y lo extiende a los días de Joacim y Sedequías, hasta el destierro de Jerusalén. Esos datos son afirmaciones expresas del libro. No permiten identificar sin más a su padre con cualquier otro Hilcías conocido ni reconstruir todos los años de su vida.

La relación entre palabra hablada y escritura aparece con claridad en Jeremías 36:1–4: el Señor manda escribir sus palabras y Baruc, hijo de Nerías, las pone por escrito al dictado del profeta. Después de que Joacim quema aquel rollo, se prepara otro y se añaden palabras semejantes. El propio relato muestra así un proceso de conservación y ampliación; no presenta todo el libro como una única sesión de dictado.

Las palabras del profeta conviven con narraciones acerca de él, cartas, fechas y un epílogo histórico. La participación de Baruc en la escritura está documentada, pero no se identifica expresamente al responsable de cada sección ni de la disposición final. La frase «Hasta aquí las palabras de Jeremías», al final del capítulo 51, distingue el capítulo 52 como cierre narrativo. Su cercanía con el final de Reyes tampoco permite atribuirlo con certeza a una persona que el texto no nombra.

La transmisión antigua conserva diferencias importantes entre la forma hebrea masorética y la antigua traducción griega: esta es más breve y coloca en otra posición los anuncios contra las naciones. Algunos fragmentos hebreos de Qumrán apoyan lecturas de la forma más breve. Estos testimonios muestran una historia textual compleja; no autorizan a afirmar que conocemos con certeza cada etapa de su formación. La lectura de este libro sigue su secuencia hebrea recibida, con los anuncios a las naciones en los capítulos 46–51.

Fecha y escenario histórico

El ministerio comienza hacia 627 a. C., tomando como referencia el año trece de Josías, y atraviesa el tránsito entre el predominio asirio, la intervención egipcia y la expansión de Babilonia. Las fechas modernas son aproximaciones de la cronología antigua. La rendición y deportación de Joaquín se sitúan en 597 a. C.; la destrucción de Jerusalén bajo Sedequías, en torno a 587/586 a. C. El texto distingue a Joacim, Joaquín y Sedequías: sus nombres próximos no designan al mismo rey.

La caída de la ciudad no pone fin de inmediato a la actividad del profeta. Los capítulos 40–44 narran los conflictos del remanente y su marcha a Egipto, donde Jeremías sigue anunciando la palabra de Jehová. El libro no relata su muerte. Su último episodio histórico, la liberación de Joaquín en el año treinta y siete de su destierro, lleva el horizonte hasta aproximadamente 561 a. C. Esa fecha corresponde al acontecimiento final narrado; no determina por sí sola cuándo quedó terminada toda la composición.

Los episodios no están colocados en una cronología continua. El capítulo 45 vuelve al cuarto año de Joacim después de los relatos situados tras la destrucción. Conviene atender a las fechas, los destinatarios y los temas de cada unidad antes de suponer que un capítulo ocurre inmediatamente después del anterior.

Destinatarios y propósito

El mensaje interpela a habitantes de Judá y Jerusalén, reyes, sacerdotes, profetas, dirigentes y personas comunes. También alcanza a los desterrados en Babilonia, al remanente que marcha a Egipto y a pueblos extranjeros. No todos los anuncios tienen los mismos destinatarios ni las mismas condiciones; una palabra dirigida a un rey concreto no se convierte automáticamente en una promesa individual para cualquier lector.

Jeremías busca que el pueblo escuche y vuelva al Señor. Desenmascara la idolatría, la sangre inocente, el engaño y la opresión, y explica por qué el templo y la dinastía no garantizan inmunidad. El discurso de Jeremías 7:3–15 une el llamado a enmendar la conducta con el rechazo de la confianza presuntuosa en el santuario. La denuncia no desprecia la adoración: exige que no sea usada para proteger el mal.

El libro también prepara para una espera prolongada y sostiene la esperanza después del derrumbe. En Jeremías 29:4–14, los desterrados deben trabajar, formar hogares, buscar la paz de la ciudad y orar mientras aguardan la fidelidad de Dios. La promesa de futuro pertenece a esa situación comunitaria; no ofrece un éxito inmediato ni la realización de todos los proyectos privados.

Géneros y voces que conviene reconocer

El libro reúne poesía profética, discursos de denuncia y promesa, relatos en prosa, oraciones y lamentos, una carta a los desterrados, señales realizadas por el profeta y noticias históricas. La vasija, el yugo, la compra de un campo y el rollo arrojado al río reciben su significado en las explicaciones que los acompañan. No es necesario inventar un símbolo independiente para cada objeto o detalle.

Los lamentos permiten escuchar el costo de la misión y el dolor por el pueblo. Jeremías puede protestar, preguntar y llorar sin dejar de estar llamado a comunicar una palabra que no le pertenece. Hay que distinguir la voz del Señor, la del profeta, las afirmaciones de sus adversarios y las decisiones de los personajes. Que una acción se narre no significa que quede establecida como mandato para imitarla.

Recorrido del libro

  • Capítulo 1: presentación y llamado de Jeremías. Los verbos arrancar, derribar, edificar y plantar anuncian la doble dimensión de juicio y restauración.
  • Capítulos 2–25: denuncias y llamados a volver al Señor. La infidelidad, la falsa seguridad, la injusticia y la resistencia a la palabra conducen al anuncio del dominio babilónico y del juicio sobre las naciones.
  • Capítulos 26–29: conflictos en torno a la palabra profética, oposición al mensajero, discusión sobre el yugo de Babilonia y orientación a los desterrados. La verdad no se decide por la popularidad de una promesa.
  • Capítulos 30–33: promesas de reunión, restauración y nuevo pacto. La compra del campo en medio del asedio expresa confianza en una vida futura que Dios hará posible.
  • Capítulos 34–45: desobediencia de dirigentes y pueblo, rechazo del rollo, padecimientos de Jeremías, caída de Jerusalén y conflictos posteriores, incluida la marcha a Egipto. La palabra dirigida a Baruc cierra esta sección sin seguir una secuencia temporal uniforme.
  • Capítulos 46–51: anuncios contra las naciones, culminando en Babilonia. El imperio usado para juzgar a Judá también debe responder por su orgullo y violencia.
  • Capítulo 52: epílogo histórico sobre la caída, el saqueo, las ejecuciones y las deportaciones. El trato favorable recibido por Joaquín abre una esperanza limitada en medio del destierro.

Conocer a Dios, escuchar su palabra y practicar justicia

Conocer a Jehová no consiste solo en pronunciar su nombre. Jeremías 22:13–17 contrasta la ambición opresora de Joacim con la defensa del pobre que caracterizó a su padre. El cuidado del necesitado responde al carácter de Dios; no compite con la adoración ni puede ser reemplazado por un discurso piadoso.

La palabra del Señor descubre falsas seguridades tanto religiosas como políticas. Las alianzas no pueden convertirse en salvadores, ni el oficio profético permite hablar en nombre de Dios sin haber recibido su palabra. Al mismo tiempo, el juicio sobre Judá no concede inocencia automática a sus conquistadores. El Señor oye el daño causado por los poderosos y anuncia que defenderá la causa de su pueblo.

Esta seriedad moral no enseña a comprar la salvación. La necesidad de arrepentimiento revela precisamente que el pueblo no puede sanar su culpa mediante prestigio, fuerza o una promesa humana de mejorar. La esperanza nace de la iniciativa misericordiosa del Dios que juzga con verdad y también perdona.

El Rey justo y el nuevo pacto en Jesucristo

Jeremías 23:5–6 promete para David un Renuevo justo que gobernará con derecho y justicia. La esperanza responde al fracaso real de los pastores y reyes de Judá. El anuncio del trono de David dado a Jesús en Lucas 1:31–33 dirige nuestra fe hacia el Hijo cuyo reino no termina. Jesucristo es nuestro Señor y único Salvador; la renovación definitiva no depende de repetir la ambición de los gobiernos que fracasaron.

El anuncio de Jeremías 31:31–34 reúne la ley escrita en el corazón, la pertenencia a Dios, el conocimiento del Señor y el perdón de la culpa. El hebreo בְּרִית חֲדָשָׁה, berit jadashah, significa «nuevo pacto». Sus destinatarios expresos son la casa de Israel y la casa de Judá; esa referencia histórica no debe borrarse al leer su alcance en el conjunto de las Escrituras.

En Lucas 22:19–20, Jesús identifica el nuevo pacto con su sangre derramada. Hebreos 8:6–13 cita la promesa de Jeremías para explicar su mediación. La conexión con Cristo está afirmada por el Nuevo Testamento: su entrega afronta el pecado y abre el acceso al Padre. Somos recibidos por gracia mediante la fe; las buenas obras y la obediencia son fruto de esa reconciliación, nunca su precio.

Los creyentes de otras naciones son acercados por la sangre de Cristo y tienen acceso al Padre en un mismo Espíritu. La gracia de Efesios 2:11–18 no permite despreciar a Israel ni apropiarse de cada promesa territorial como garantía de prosperidad personal. Las promesas de regreso, la obra del Mesías y la esperanza final deben relacionarse atendiendo a sus respectivos contextos.

El Padre celestial y la guía del Espíritu Santo

La ley escrita en el corazón no convierte cada emoción en una palabra de Dios. La transformación prometida conduce a conocer y obedecer al Señor. El Espíritu Santo es nuestro guía divino: enseña, consuela y da testimonio de Jesucristo conforme a la verdad. En Juan 14:25–26, Jesús promete el Consolador enviado por el Padre en su nombre; su enseñanza permanece ligada a las palabras del Hijo.

Nos acercamos al Padre celestial por medio de Jesucristo y dependemos de la obra del Espíritu Santo. Confesamos al único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sin confundir sus personas. Esta comunión nos permite recibir la corrección con esperanza: el Padre no es un refugio para ocultar la culpa, ni la santidad de Dios cancela la misericordia que el Hijo nos ha abierto.

Aplicación editorial: una esperanza que aprende a escuchar

Deja que Jeremías examine tus seguridades antes de usarlo para juzgar a otros. Pregunta si tu manera de hablar, administrar recursos y tratar al vulnerable corresponde al Señor que dices conocer. Cuando descubras pecado, vuelve al Padre por Jesucristo; no necesitas defender una apariencia de inocencia para recibir su gracia.

Si atraviesas duelo, desplazamiento o una espera prolongada, este libro no te exige fingir que el dolor ha terminado. Puedes lamentar, orar, pedir ayuda y seguir haciendo el bien. La mesa concedida a Joaquín al final muestra una bondad concreta, pero no resuelve toda la historia del destierro. Afirma tu esperanza en la fidelidad de Dios y en la vida que Cristo da, mientras pides al Espíritu Santo discernimiento y fortaleza para obedecer hoy.

1

Esta es la palabra que llegó a Jeremías de parte de Jehová cuando el rey Sedequías le envió a Pasur, hijo de Malquías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, para decirle:

📘 Estudio de Jeremías 21:1 · Jerusalén será destruida

El rey consulta a Jeremías durante la amenaza babilónica

Sedequías envía a dos hombres para pedir una respuesta de Jehová por medio del profeta. La consulta sitúa el mensaje en una crisis concreta del reinado y de la ciudad.

Explicación del versículo

La fórmula inicial identifica de nuevo la procedencia de la palabra: viene de Jehová. La ocasión es una embajada del rey Sedequías a Jeremías. El rey desea conocer una respuesta divina, pero el contenido de esa respuesta no queda bajo su control. El relato va a mostrar la diferencia entre el auxilio que espera y la sentencia que recibe.

Sedequías pertenece al último período de la monarquía de Judá antes de la caída de Jerusalén. 2 Reyes 24:17–20 cuenta que el rey de Babilonia lo puso en el trono y que después se rebeló contra él. Ese contexto ayuda a comprender la gravedad política de la guerra mencionada en el versículo siguiente, sin reducir el conflicto a una cuestión militar ajena a la fidelidad a Jehová.

Pasur es identificado como hijo de Malquías. No debe confundirse con el Pasur hijo de Imer del capítulo anterior, que golpeó a Jeremías. El sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, también participa en la consulta. La precisión de los nombres permite seguir las intervenciones de estos hombres sin atribuirles automáticamente las acciones de otros que se llaman igual.

Sofonías vuelve a aparecer como enviado de Sedequías en Jeremías 37:3–10, donde se solicita oración y se anuncia que la retirada temporal de los caldeos no traerá seguridad definitiva. La relación muestra que el rey recurrió al profeta en la crisis. No obliga a tratar cada consulta del libro como una sola conversación.

El paso del lamento del capítulo 20 a esta escena no proporciona una fecha para ordenar cada experiencia personal de Jeremías. Aquí se abre un episodio con sus propios destinatarios y circunstancia. El hombre que ha expresado angustia sigue siendo presentado como receptor de la palabra de Jehová; su sufrimiento no ha dejado al rey sin un mensaje que escuchar.

Exégesis de la consulta

Los enviados llevan una petición del rey, mientras la frase «de parte de Jehová» identifica la autoridad de la respuesta. El texto distingue así la iniciativa humana de consultar y la libertad de Dios para responder. Solicitar una palabra no concede al gobernante el derecho de determinarla.

2

«Consulta a Jehová por nosotros, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, nos hace la guerra. Quizá Jehová actúe con nosotros conforme a todas sus maravillas y aquel se retire de nosotros».

📘 Estudio de Jeremías 21:2

Esperan una maravilla que haga retirarse al enemigo

Los enviados piden que Jeremías consulte a Jehová para que termine la amenaza de Babilonia. Apelan a sus maravillas, pero recibirán una respuesta que confronta la conducta del pueblo.

Explicación del versículo

La petición identifica al enemigo: Nabucodonosor, rey de Babilonia, hace la guerra a Jerusalén. El peligro no se presenta como una preocupación distante. El rey busca una intervención que haga retirarse al adversario y deje a la ciudad a salvo. El «por nosotros» incluye a quienes dependen de la supervivencia del reino.

«Quizá» expresa esperanza, no una certeza que el profeta haya dado. Los enviados recuerdan que Jehová ha obrado maravillas y esperan un acto semejante. La petición no especifica cuál de esas intervenciones tienen en mente. Dentro de la historia bíblica, 2 Reyes 19:14–19 y 2 Reyes 19:32–36 muestran cómo Ezequías oró y Jerusalén fue librada de la amenaza de Asiria.

Recordar el poder de Dios es adecuado; convertir un rescate anterior en garantía de que cualquier situación tendrá el mismo desenlace sería otra cosa. Jehová no queda obligado a sostener la ciudad mientras sus habitantes rechazan su palabra. Los versículos 4–7 anunciarán que precisamente él actúa contra la falsa seguridad en que han persistido.

La solicitud registrada se centra en la retirada del enemigo. No incluye aquí una confesión de culpa ni un compromiso de hacer justicia. Esa observación no exige inventar todo lo que el rey sentía en su interior, pero sí permite reconocer el énfasis de sus palabras: quiere que cambie la circunstancia exterior. La respuesta de Jehová revelará que el problema del pueblo no se limita a tener un ejército delante de las murallas.

En Jeremías 18:11–12, el llamado a volver del mal camino encontró una decisión de seguir los propios planes. El capítulo actual debe leerse en continuidad con esa resistencia. Buscar una intervención poderosa no sustituye escuchar a quien llama al arrepentimiento.

Jesús lleva su petición al Padre y la somete a su voluntad en Lucas 22:39–42. En el Salvador aprendemos a pedir ayuda con verdad y a recibir la autoridad del Padre sobre el desenlace. La confianza cristiana no consiste en imponer a Dios un resultado mediante el recuerdo de sus maravillas, sino en acercarnos a él por medio de su Hijo y escuchar su palabra.

Texto original

דְּרָשׁ נָא בַעֲדֵנוּ, derosh na va‘adenu, significa «consulta, por favor, por nosotros». אוּלַי, ’ulay, «quizá», introduce el resultado esperado. Los enviados solicitan una respuesta; todavía no poseen una promesa de liberación.

3

Jeremías les respondió: «Así dirán a Sedequías:

📘 Estudio de Jeremías 21:3

La respuesta debe volver al rey tal como fue recibida

Jeremías entrega a los enviados el mensaje que deben comunicar a Sedequías. La consulta real desemboca en una palabra que el gobernante tiene que escuchar.

Explicación del versículo

La frase abre la respuesta al pedido del versículo anterior. Jeremías no se limita a pronunciar una oración pública ni ofrece una opinión sobre las probabilidades militares. Les encarga decir al rey lo que sigue, y el versículo 4 lo presenta expresamente como palabra de Jehová, Dios de Israel.

«Así dirán a Sedequías» mantiene el vínculo entre el que consulta y la respuesta. Los enviados no pueden sustituir el anuncio de juicio por el mensaje de retirada enemiga que esperaban obtener. Su tarea consiste en llevar al rey una palabra que cuestiona su expectativa, no en protegerlo de una noticia desagradable.

Esta estructura permite seguir los destinatarios del discurso. Los versículos 4–7 responden a la consulta del rey; los versículos 8–10 se dirigen al pueblo y explican el camino para conservar la vida; los versículos 11–14 llaman a la casa real a escuchar y practicar justicia. La respuesta no queda encerrada en una cuestión privada del monarca, aunque comienza volviendo a él.

El encargo de Jeremías había sido decir todo lo que Jehová le ordenara (Jeremías 1:7–9). La presencia de representantes del poder no altera ese deber. La autoridad del rey debe quedar bajo la palabra divina, y el mensajero no recibe permiso para convertir la verdad en un instrumento de conveniencia política.

En 2 Corintios 4:1–6, Pablo describe un ministerio recibido por misericordia que renuncia a adulterar la palabra y anuncia a Cristo Jesús como Señor. La relación muestra qué da sentido al servicio del mensajero: la verdad de Dios y la gloria del Salvador, no la exaltación propia ni la aprobación de quienes lo oyen. El evangelio también debe llegar con fidelidad cuando contradice las expectativas de sus destinatarios.

Función de este enlace narrativo

El versículo introduce un discurso que necesita leerse completo. La respuesta inesperada no nace de una disputa personal que Jeremías añada a la consulta; se atribuye a Jehová y se desarrolla con motivos y consecuencias. El breve encargo de transmitirla preserva la responsabilidad del rey de recibir lo que pidió conocer.

4

“Así dice Jehová, Dios de Israel: voy a hacer retroceder las armas de guerra que tienen en las manos, con las que combaten fuera de la muralla contra el rey de Babilonia y los caldeos que los sitian; las reuniré dentro de esta ciudad.

📘 Estudio de Jeremías 21:4

Las defensas no impedirán que la calamidad alcance la ciudad

Jehová responde que las armas con que Judá combate serán hechas retroceder. La esperanza de mantener al enemigo fuera de las murallas quedará frustrada.

Explicación del versículo

La respuesta comienza con una inversión de lo esperado. Sedequías quería que Jehová hiciera retirarse a Babilonia; el Señor anuncia que hará retroceder las armas de quienes defienden Jerusalén. La crisis no podrá resolverse simplemente invocando su nombre para aumentar la eficacia de la estrategia militar.

Las armas están «en las manos» de los habitantes, pero su resultado no depende solo de poseerlas. El anuncio distingue entre disponer de medios y poder garantizar la seguridad. Jehová declara que la defensa no prevalecerá frente al rey de Babilonia y los caldeos que sitian la ciudad.

La muralla separa el exterior, donde está la amenaza, del interior que sus habitantes quieren preservar. La reunión «dentro de esta ciudad» convierte ese espacio de confianza en escenario de derrota. En la lectura de la NTBT, son las armas las que se concentran dentro: la defensa es retirada en lugar de expulsar al adversario. El desarrollo del discurso culminará en la entrega y el incendio de Jerusalén.

Jeremías 37:7–10 formulará de otra manera la misma falta de salida militar: incluso una retirada de los caldeos no debe interpretarse como garantía de que la ciudad será salvada. El problema que el libro denuncia no se soluciona mediante una lectura optimista de cada movimiento de los ejércitos.

El relato de Jeremías 39:1–3 mostrará el cerco, la brecha y la entrada de los jefes babilónicos en Jerusalén. La advertencia tiene así un horizonte concreto. Su enseñanza no es que toda defensa de una ciudad sea ilegítima, sino que esta comunidad no puede utilizar sus fortificaciones para desatender la palabra que la llama a volver a Jehová.

Texto original y antecedente del pronombre

וְאָסַפְתִּי אוֹתָם אֶל תּוֹךְ הָעִיר, ve’asafti ’otam ’el tokh ha‘ir, significa «y los reuniré dentro de la ciudad». El pronombre plural puede relacionarse con dos referentes mencionados: las armas o los caldeos. La NTBT retoma las armas mediante «las reuniré». La otra lectura entiende que Jehová reunirá dentro a los sitiadores. Ambas posibilidades deben distinguirse al seguir la frase: una destaca el repliegue de las defensas; la otra, la entrada del enemigo. El resultado del anuncio permanece claro en el contexto: Jerusalén no conservará la seguridad que espera obtener por las armas.

5

Yo mismo lucharé contra ustedes con mano extendida y brazo poderoso, con ira, furor y gran indignación.

📘 Estudio de Jeremías 21:5

El Dios al que consultan anuncia que luchará contra ellos

La respuesta llega a su punto más inesperado: Jehová mismo actuará contra Jerusalén. El pueblo no puede convertir al Dios del pacto en garante de una seguridad separada de la obediencia.

Explicación del versículo

«Yo mismo» identifica al actor decisivo. Sedequías esperaba que Jehová interviniera contra el ejército babilónico; el Señor declara que luchará contra quienes lo consultan. La amenaza exterior no es el único problema. La ciudad ha llegado a una situación en la que debe enfrentar la palabra de juicio de su propio Dios.

La mano extendida y el brazo poderoso expresan una acción eficaz. Ese lenguaje recuerda la liberación de Egipto: Jehová prometió redimir a Israel con brazo extendido y grandes juicios (Éxodo 6:6–8), y los egipcios reconocieron que peleaba por su pueblo (Éxodo 14:24–25). Ahora las imágenes de su poder acompañan un anuncio contra Judá. La historia del rescate no puede usarse para hacer indiferente al Salvador frente al mal de los rescatados.

La acumulación de ira, furor e indignación comunica la gravedad del juicio. El discurso ya ha expuesto en los capítulos anteriores idolatría, sangre inocente y resistencia a la palabra. No describe a Jehová irritándose por una ofensa menor ni perdiendo el dominio de sí mismo. Presenta su oposición santa a una conducta que el pueblo insiste en proteger.

La relación con Dios no se reduce a invocar su nombre cuando fallan los recursos militares. La casa real será llamada a hacer justicia y librar al oprimido en el versículo 12. El juicio y esa exigencia moral pertenecen al mismo mensaje: quienes piden una maravilla necesitan también escuchar lo que Jehová requiere de ellos.

El anuncio tiene destinatarios precisos. No permite atribuir a toda comunidad en guerra la misma sentencia, ni declarar que Dios está obligado a respaldar al que se identifica más fuertemente con un nombre religioso. Su palabra confronta la presunción de convertirlo en instrumento de nuestros proyectos.

La reconciliación con Dios es el centro de la esperanza cristiana. Romanos 5:8–11 anuncia que Cristo murió por nosotros siendo pecadores y que, justificados por su sangre, seremos salvados de la ira por medio de él. La gracia del Padre no consiste en declarar irrelevante el pecado; nos recibe por la obra de su Hijo y nos llama a vivir en una relación renovada con él.

Texto original e imagen del poder

בְּיָד נְטוּיָה וּבִזְרוֹעַ חֲזָקָה, beyad netuyah uvizroa‘ jazaqah, significa «con mano extendida y brazo poderoso». Son imágenes de la acción divina. Su fuerza en este contexto está en que Jehová las dirige contra una ciudad que esperaba recibir de él protección militar.

6

Heriré a los habitantes de esta ciudad, tanto a los seres humanos como a los animales; morirán de una gran peste.

📘 Estudio de Jeremías 21:6

La calamidad alcanza la vida dentro de las murallas

La ciudad sufrirá una peste que afectará a seres humanos y animales. La muralla no podrá aislar a sus habitantes de la sentencia anunciada.

Explicación del versículo

El discurso pasa del combate a lo que ocurrirá dentro de Jerusalén. No basta imaginar al enemigo lejos de las casas, al otro lado de la muralla. Jehová anuncia una calamidad que alcanzará a quienes permanecen en la ciudad. El versículo siguiente reunirá peste, espada y hambre para mostrar que no existe seguridad automática en la resistencia prolongada.

La palabra «peste» describe una mortandad por enfermedad. El pasaje no identifica su agente ni proporciona datos para establecer un diagnóstico moderno. «Gran» comunica su alcance y gravedad dentro del anuncio. La explicación debe permanecer en lo que el texto afirma, sin convertir el oráculo en un informe médico que no pretende ofrecer.

La mención conjunta de personas y animales presenta una vida común alcanzada por la calamidad. Los animales formaban parte de la existencia de la ciudad y de sus recursos; su muerte aumenta el alcance del quebranto. La sentencia no es solo una sustitución de gobernantes, sino una devastación que afecta a los seres vivos dentro del espacio que parecía protegido.

Deuteronomio 28:21–22 ya había incluido la peste y otras aflicciones dentro de las advertencias del pacto. Jeremías anuncia el juicio en continuidad con esa palabra. La crisis no significa que Jehová haya dejado de tener autoridad sobre el pueblo; muestra la seriedad de su llamado a escucharlo.

El mismo Dios que toma en serio el mal también expresa compasión por la vida de una ciudad. Jonás 4:10–11 menciona a los muchos habitantes de Nínive y a sus animales al explicar su misericordia. Esa relación evita reducir la creación a un recurso sin valor. El juicio anunciado aquí es terrible precisamente porque alcanza una vida que importa ante Dios.

Al hablar de calamidades, Jesús rechaza que sus víctimas fueran por ello más culpables que los demás y dirige a todos el llamado al arrepentimiento (Lucas 13:1–5). La aplicación del anuncio de Jeremías requiere la misma humildad: aquí conocemos una sentencia explícita para Jerusalén; ante el sufrimiento de otros, no poseemos por eso autoridad para declarar la culpa particular de cada enfermo. La voz de Cristo nos llama primero a reconocer nuestra propia necesidad de Dios.

Texto original

בְּדֶבֶר גָּדוֹל, bedever gadol, significa «de una gran peste». הָאָדָם וְהַבְּהֵמָה, ha’adam vehabbehemah, reúne «los seres humanos y los animales». La amplitud de la enumeración presenta el alcance de la calamidad sobre la vida de la ciudad.

7

Después de esto —declara Jehová—, entregaré a Sedequías, rey de Judá, a sus servidores, al pueblo y a los que en esta ciudad sobrevivan a la peste, la espada y el hambre, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan quitarles la vida. Los matará a filo de espada, sin perdonarlos, sin tenerles piedad ni compasión”.

📘 Estudio de Jeremías 21:7

Sobrevivir al asedio no garantizará escapar del conquistador

Jehová anuncia la entrega del rey, sus servidores y los supervivientes al poder de Babilonia. La caída de la ciudad traerá también una violencia que sus dirigentes no podrán detener.

Explicación del versículo

«Después de esto» continúa la secuencia de calamidad. Algunos habrán sobrevivido a la peste, la espada y el hambre dentro de Jerusalén, pero esa supervivencia no los coloca fuera del peligro. La conquista los deja en manos de enemigos que buscan quitarles la vida. El anuncio deshace la esperanza de que resistir un poco más baste por sí solo para asegurar un desenlace favorable.

La enumeración comienza por Sedequías y sigue con sus servidores y el pueblo. El rey que envió la consulta no queda excluido de la respuesta. Su posición y su corte no pueden garantizar una negociación que neutralice la sentencia de Jehová. La crisis alcanza la estructura política y la comunidad gobernada por ella.

La repetición de «en manos» presenta la pérdida del control. El poder pasa a Nabucodonosor y a quienes actúan como enemigos de Jerusalén. La sentencia de espada, sin piedad ni compasión, describe la dureza del conquistador; no es una orden para que Jeremías mate a los supervivientes ni una enseñanza de que el lector deba tratar así a los vencidos.

El anuncio colectivo debe leerse junto con las precisiones que el libro da sobre personas concretas. Jeremías 34:3–5 anuncia a Sedequías el cautiverio, pero le dice expresamente que no morirá a espada. Jeremías 52:9–11 relata la ejecución de sus hijos y de los jefes, y después su ceguera, deportación y prisión hasta la muerte. Así se reconoce la entrega general al poder enemigo sin atribuir al rey una ejecución que el propio relato distingue de su destino.

Los versículos 8–9 añadirán un camino concreto para conservar la vida. La proclamación de calamidad no elimina toda diferencia entre las respuestas de los oyentes. El pueblo tiene que escuchar la instrucción que Jehová dará, aunque contradiga lo que sus dirigentes consideran una salida honorable.

La dureza del conquistador tampoco constituye una descripción de todo lo que Dios puede hacer por su pueblo. El mismo libro promete reunir a los dispersados y volver a hacerles bien (Jeremías 32:36–42). La esperanza posterior depende de su misericordia y de su palabra, no de negar las muertes y el cautiverio que aquí se anuncian.

Texto original y sujeto de la acción

Las expresiones לֹא יָחוּס, lo yajus, לֹא יַחְמֹל, lo yajmol, y לֹא יְרַחֵם, lo yerajem, acumulan la negación de indulgencia, piedad y compasión. En la frase describen la actuación del rey de Babilonia. Deben seguirse con su sujeto y su contexto, en lugar de convertirlas en una negación general de la misericordia divina.

8

A este pueblo le dirás: “Así dice Jehová: pongo delante de ustedes el camino de la vida y el camino de la muerte.

📘 Estudio de Jeremías 21:8 · La salida para conservar la vida

El pueblo recibe una decisión concreta ante el asedio

Después de responder al rey, Jehová se dirige al pueblo. Le presenta dos caminos cuyo resultado se explicará en el versículo siguiente: muerte dentro de la ciudad o conservación de la vida al salir.

Explicación del versículo

«A este pueblo le dirás» cambia el destinatario inmediato. La consulta había llegado desde Sedequías, pero la respuesta de Jehová alcanza a los habitantes que afrontan las consecuencias de las decisiones del reino. El mensaje no debe quedar como información reservada para el palacio.

La presentación de vida y muerte recuerda Deuteronomio 30:15–20. Allí el pueblo es llamado a amar a Jehová, escuchar su voz y mantenerse unido a él, porque él es su vida. En Jeremías, ese lenguaje del pacto se concreta en una instrucción sorprendente para una ciudad sitiada: la supervivencia no se encontrará prolongando la resistencia contra Babilonia.

El versículo necesita leerse con el siguiente. «Camino de la vida» no queda como una expresión general que cada oyente pueda llenar con la opción que prefiera. Jehová identifica una respuesta determinada para aquella situación. Escuchar su palabra significa permitir que corrija lo que el pueblo considera una decisión segura o una señal de fidelidad nacional.

El juicio sobre Jerusalén no vuelve irrelevante la conducta de las personas. Todavía reciben una palabra a la que responder. Esta combinación de sentencia y camino de vida continúa la enseñanza del alfarero: la autoridad de Dios no justifica una resignación que ignore lo que él manda.

La decisión será difícil, como muestra más adelante la conversación con Sedequías en Jeremías 38:17–20. El rey teme el trato que pueda recibir si se entrega, y el profeta lo llama a obedecer la voz de Jehová para conservar la vida. El problema no es simplemente reconocer dos opciones intelectuales, sino confiar en una palabra que contradice el miedo y los consejos habituales.

La relación con Deuteronomio sitúa la vida en la escucha de Dios. En la lectura cristiana, Jesucristo anuncia que quien oye su palabra y cree al Padre que lo envió tiene vida eterna y ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24). Esa promesa no convierte la salida militar de Jerusalén en una fórmula universal de salvación. Conduce a reconocer que la esperanza definitiva depende del Salvador y de la fe con que recibimos su palabra.

Texto original

דֶּרֶךְ הַחַיִּים וְדֶרֶךְ הַמָּוֶת, derekh hajjayyim vederekh hammavet, significa «el camino de la vida y el camino de la muerte». La palabra «camino» representa una respuesta que se sigue y conduce a un resultado. El contexto inmediato establece de qué respuesta y de qué peligro se está hablando.

9

El que se quede en esta ciudad morirá por la espada, el hambre y la peste; pero el que salga y se entregue a los caldeos que los sitian vivirá y tendrá su vida como botín.

📘 Estudio de Jeremías 21:9

Conservar la vida será el único botín

Jehová llama a salir y entregarse a los sitiadores. La promesa es conservar la vida, aunque se pierda la seguridad que el pueblo esperaba mantener dentro de Jerusalén.

Explicación del versículo

El contraste explica los dos caminos del versículo anterior. Quedarse en la ciudad expone a la espada, el hambre y la peste; salir a los caldeos abre el camino para vivir. La palabra de Jehová contradice la idea de que permanecer detrás de la muralla sea necesariamente la decisión más segura.

«Se entregue» describe una rendición ante los que sitian Jerusalén. No es una salida momentánea para comprar alimentos ni una victoria secreta sobre los babilonios. Los oyentes tendrán que aceptar la pérdida de una posición que ya no pueden sostener contra la sentencia divina. En esta situación particular, escuchar a Jehová incluye abandonar la resistencia que sus dirigentes desean prolongar.

«Tendrá su vida como botín» expresa una supervivencia despojada de grandes ganancias. Normalmente el vencedor obtiene bienes del derrotado; aquí el que sale conservará, como lo rescatado de la calamidad, su propia vida. No se le promete mantener intacta su casa, su riqueza o su libertad política.

La misma imagen aparece en la palabra a Ebed-melec, a quien Jehová promete librar porque confió en él (Jeremías 39:15–18). También Baruc recibe su vida como botín mientras se le advierte que no busque grandes cosas para sí (Jeremías 45:4–5). En estos pasajes, el rescate de la vida se distingue de conservar todas las condiciones de bienestar que uno podría desear.

Jeremías 38:17–23 volverá a formular a Sedequías una instrucción de entrega y las consecuencias de rechazarla. Esa relación confirma el sentido concreto del anuncio. No puede convertirse sin más en una orden para que cualquier pueblo, en cualquier guerra, se rinda a todo agresor: esta palabra tiene una situación y una autoridad profética expresas.

La conservación física de la vida en el asedio y la salvación eterna deben distinguirse. El centro de la esperanza cristiana es Jesucristo, quien concede vida al que oye su palabra y cree al Padre (Juan 5:24). La obediencia nace de confiar en el Dios que habla; no compra su misericordia ni convierte una conducta militar determinada en precio universal del perdón.

Texto original e imagen del botín

וְהָיְתָה לּוֹ נַפְשׁוֹ לְשָׁלָל, vehayetah lo nafsho leshalal, significa «y su vida le será como botín». Nafsho se refiere aquí a la vida de la persona que escapa de la muerte. La comparación destaca lo que logrará conservar en medio de la pérdida.

10

Porque he vuelto mi rostro contra esta ciudad para mal y no para bien —declara Jehová—. Será entregada en manos del rey de Babilonia, que la quemará con fuego”.

📘 Estudio de Jeremías 21:10

La ciudad será entregada porque enfrenta la sentencia de Jehová

El motivo de salir queda expuesto: Jehová ha determinado el juicio contra Jerusalén. La ciudad no podrá conservar su seguridad mediante la resistencia al rey de Babilonia.

Explicación del versículo

«Porque» fundamenta la instrucción de los versículos anteriores. Salir no es presentado como una alternativa preferible por un cálculo que Jeremías haya hecho por su cuenta. Jehová declara que ha vuelto su rostro contra la ciudad y que será entregada al rey de Babilonia. El pueblo debe responder a esa palabra.

La imagen del rostro expresa una dirección deliberada de la acción divina. Jerusalén esperaba recibir protección; ahora encuentra una sentencia. «Para mal y no para bien» significa aquí para calamidad, no para bienestar. El anuncio atribuye a Jehová el juicio, sin convertir el mal moral del pueblo en una cualidad del Dios que lo condena.

La expresión tiene una relación con Levítico 20:3, donde Jehová pone su rostro contra quien entrega a su hijo a Moloc y contamina su santuario. En Jeremías 19:4–5, la acusación contra Jerusalén había incluido sangre inocente y sacrificio de hijos. El juicio presente se comprende dentro de esa infidelidad concreta, no como una hostilidad inexplicable.

La entrega en manos del rey y el incendio describen el desenlace de la ciudad. Jeremías 39:8 narrará que los caldeos quemaron el palacio real y las casas del pueblo y derribaron las murallas. El anuncio afecta a las mismas estructuras en que los habitantes habían puesto su confianza.

La solemnidad de la sentencia no elimina el ofrecimiento de vida de los versículos 8–9. Precisamente porque la ciudad no quedará a salvo, el pueblo necesita escuchar la salida que Jehová indica. La esperanza no consiste en negar el juicio, sino en recibir la palabra que Dios da dentro de la crisis.

El evangelio presenta juntas la gravedad del mal y la iniciativa salvadora de Dios: el Padre dio a su Hijo para que el que cree en él tenga vida eterna, y la luz pone al descubierto las obras que los seres humanos prefieren ocultar (Juan 3:16–21). Jesucristo es el refugio del pecador que necesita reconciliación con Dios. Su gracia nos llama a venir a la luz, en lugar de usar una seguridad religiosa para preservar el mal.

Texto original

לְרָעָה וְלֹא לְטוֹבָה, lera‘ah velo letovah, significa aquí «para calamidad y no para bien». El contexto del incendio y de la entrega de la ciudad precisa el sentido de ra‘ah. La frase describe el desenlace anunciado para Jerusalén, no una renuncia de Jehová a su justicia y bondad.

11

A la casa del rey de Judá: “Escuchen la palabra de Jehová.

📘 Estudio de Jeremías 21:11 · El deber de justicia de la casa de David

La dinastía también debe someterse a la palabra

El mensaje se dirige ahora a la casa del rey de Judá. Quienes tienen autoridad sobre el pueblo deben comenzar por escuchar a Jehová.

Explicación del versículo

La indicación «a la casa del rey de Judá» abre una nueva interpelación. Después de responder a la consulta de Sedequías y de hablar al pueblo, la palabra se concentra en el gobierno real. El anuncio de calamidad no deja sin examinar las responsabilidades de quienes ejercen el poder.

«Casa» tiene aquí un alcance mayor que las paredes de un palacio. El versículo siguiente habla de la casa de David y le ordena hacer justicia. La familia reinante y su autoridad están en primer plano. Su relación con David no la coloca por encima de la voz que debe regir su conducta.

La orden de escuchar precede a la exigencia concreta de rescatar al despojado. La justicia que Jehová pide no depende de que el rey decida considerarla conveniente. El gobernante puede dar órdenes a otros, pero él mismo es oyente de una palabra que lo juzga y limita su poder.

La promesa a David en 2 Samuel 7:12–16 incluía tanto la continuidad del reino como la corrección del descendiente que hiciera el mal. El privilegio de la dinastía nunca significó que cada uno de sus integrantes quedara libre de disciplina. Jeremías confronta precisamente la confianza que pretende conservar el honor de David mientras abandona la justicia de Dios.

La unidad continúa en Jeremías 22:1–5, donde el rey, sus servidores y el pueblo son llamados a practicar el derecho, proteger al vulnerable y dejar de derramar sangre inocente. El cambio de capítulo no elimina esa continuidad. El deber de escuchar se hará visible en el modo de gobernar.

La esperanza de un reinado justo alcanzará una expresión decisiva en el Renuevo para David anunciado en Jeremías 23:5–6. El evangelio presenta a Jesús como el Hijo que recibe el trono de David y cuyo reino no tendrá fin (Lucas 1:30–33). La esperanza del pueblo de Dios no descansa en justificar todos los actos de una dinastía, sino en el Rey fiel que el Padre ha dado.

Función dentro de la unidad

«Escuchen la palabra de Jehová» introduce los mandatos y advertencias que siguen. La pertenencia a la casa real se convierte en responsabilidad ante Dios. El mensaje no halaga el rango de sus oyentes: les recuerda a quién deben rendir cuentas.

12

Casa de David, así dice Jehová: hagan justicia cada mañana y libren al despojado de manos del opresor, no sea que mi furor salga como fuego y arda sin que nadie pueda apagarlo, por la maldad de sus acciones.

📘 Estudio de Jeremías 21:12

La justicia debe rescatar a quien está siendo despojado

Jehová exige a la casa de David una justicia pronta y efectiva. Su función no consiste solo en conservar el trono, sino en librar al que está bajo el poder de un opresor.

Explicación del versículo

El mandato identifica al destinatario por su nombre honorable: «casa de David». Ese nombre no sirve de excusa para la injusticia. Al contrario, da peso a la responsabilidad de gobernar conforme a la palabra de Jehová. La autoridad recibida debe ponerse al servicio del derecho y de la protección de las personas vulneradas.

«Cada mañana» presenta la justicia como una tarea regular y prioritaria. El rey no debe atenderla solamente cuando estalla una crisis o cuando una causa beneficia a su círculo. El texto llama a una práctica perseverante, no a cumplir un rito a una hora determinada que permita después ignorar al oprimido.

La orden se concreta en librar al despojado de manos del opresor. Hay una víctima y alguien que ejerce poder contra ella; el gobierno debe intervenir a favor del que está siendo perjudicado. Una declaración general de amor por la justicia resulta insuficiente si se deja al agresor conservar el beneficio de su abuso.

Jeremías 22:3 repetirá esa exigencia y la relacionará con no maltratar al extranjero, al huérfano y a la viuda, y no derramar sangre inocente. El mensaje permite reconocer qué significa hacer justicia en la vida común: proteger a personas concretas, detener la violencia y no utilizar la debilidad de otros para obtener ventajas.

La amenaza del fuego muestra que este deber no es secundario. El furor de Jehová responde a la maldad de las acciones de quienes gobiernan. Ninguna defensa puede apagar a voluntad el juicio que ellos pretenden evitar sin corregir su conducta. La consulta por un milagro militar y la exigencia de justicia no pueden mantenerse como asuntos separados.

Salmos 72:1–4 pide que el rey juzgue con justicia, salve a los hijos del necesitado y quebrante al opresor. Esa oración expresa el sentido del poder real bajo Dios. La promesa del Rey justo no autoriza a los gobernantes a desentenderse del daño presente; mantiene ante ellos un criterio que cuestiona su manera de usar la autoridad.

Texto original y alcance del mandato

דִּינוּ לַבֹּקֶר מִשְׁפָּט, dinu labboqer mishpat, significa «hagan justicia por la mañana». גָזוּל, gazul, designa al despojado, y עוֹשֵׁק, ‘osheq, al opresor. Estas palabras presentan una justicia activa: librar a la persona de la mano que la está perjudicando.

13

Estoy contra ti, habitante del valle, roca de la llanura —declara Jehová—, ustedes que dicen: ‘¿Quién bajará contra nosotros? ¿Quién entrará en nuestras viviendas?’.

📘 Estudio de Jeremías 21:13

La confianza en el refugio no detendrá el juicio

Jehová confronta a quienes consideran inaccesibles sus viviendas. La seguridad del lugar no puede protegerlos de la autoridad del Dios cuya palabra desatienden.

Explicación del versículo

«Estoy contra ti» prolonga la sentencia anunciada a Jerusalén. La interpelación presenta al lugar como una habitante, y después recoge las palabras de sus residentes en plural. La ciudad y quienes viven en ella aparecen unidos en una misma confianza: creen que nadie podrá llegar hasta sus moradas.

Las imágenes de valle y roca de la llanura forman parte de esa presentación del lugar. El pasaje no da una descripción suficiente para fijar con certeza un edificio o un punto del terreno. Lo que sí explica es el sentido que los habitantes atribuyen a su posición: la consideran una defensa contra cualquier amenaza.

Sus dos preguntas buscan negar la posibilidad de una derrota: «¿quién bajará contra nosotros?» y «¿quién entrará en nuestras viviendas?». El énfasis no está en pedir información sobre un camino de acceso. Hablan desde la presunción de que su refugio resulta intocable. Jehová responde a esa confianza declarándose contra ellos.

La advertencia viene después del mandato de librar al despojado. La cuestión no es que tener una vivienda protegida sea en sí mismo malo. El problema es usar la sensación de seguridad para no escuchar la exigencia de justicia. Cuando el refugio se convierte en argumento para mantener el abuso, lo que parecía una ventaja se vuelve parte del engaño.

Abdías 1:3–4 presenta una relación semejante: quien vive en las hendiduras de la roca se pregunta quién podrá hacerlo bajar, pero Jehová anuncia que lo alcanzará. Los destinatarios son distintos; la relación está en la soberbia que atribuye al lugar una protección absoluta.

Jesús enseña que la firmeza verdadera se relaciona con venir a él, escuchar sus palabras y ponerlas en práctica (Lucas 6:46–49). Esa enseñanza no convierte la roca de Jerusalén en una alegoría directa de Cristo. Dirige la confianza del discípulo al Señor y a su palabra: una posición aparentemente favorable no sustituye la obediencia nacida de la fe.

Texto original e imagen del lugar

יֹשֶׁבֶת הָעֵמֶק צוּר הַמִּישֹׁר, yoshevet ha‘emeq, tsur hammishor, reúne «habitante del valle» y «roca de la llanura». La forma femenina personifica al lugar; el plural posterior vuelve a sus habitantes. Las preguntas de ellos aclaran la función de la imagen: expresan una confianza que Jehová va a desmentir.

14

Los castigaré según el fruto de sus acciones —declara Jehová—. Prenderé fuego a su bosque y consumirá todo lo que lo rodea”».

📘 Estudio de Jeremías 21:14

Las acciones tendrán consecuencias que la seguridad exterior no evitará

Jehová concluye anunciando un juicio conforme a las acciones del pueblo. El fuego alcanzará aquello en lo que se apoyaban y se extenderá a su alrededor.

Explicación del versículo

«Según el fruto de sus acciones» establece la relación entre conducta y sentencia. El juicio no depende del nombre prestigioso de la ciudad o de la dinastía, sino de lo que han hecho. La palabra responde a la falsa seguridad del versículo anterior: aun si nadie pudiera entrar por medios humanos, los habitantes no podrían esconder sus obras de Jehová.

La imagen del fruto expresa lo que las acciones producen y ponen de manifiesto. El libro ya había afirmado que Jehová examina el corazón y da a cada uno según sus caminos y el fruto de sus acciones (Jeremías 17:10). La vida interior y la conducta pública quedan bajo la misma mirada divina.

El incendio completa la advertencia del versículo 12. El fuego que nadie puede apagar no es una amenaza vacía que los dirigentes puedan neutralizar conservando sus privilegios. La sentencia alcanza al «bosque» y a cuanto lo rodea. Lo que ofrecía recursos, prestigio o protección quedará expuesto a la destrucción.

En el contexto de la casa real, la imagen puede recordar la abundancia de madera en sus construcciones. 1 Reyes 7:2–3 describe la Casa del Bosque del Líbano con sus columnas y vigas de cedro; y la unidad siguiente comparará la casa del rey con Galaad y el Líbano, antes de anunciar que sus cedros serán cortados y quemados (Jeremías 22:6–7). Esa relación ayuda a percibir la fuerza de la imagen sin exigir que «su bosque» sea el nombre exacto de un edificio concreto.

El libro narrará después el incendio del palacio y las casas de Jerusalén (Jeremías 39:8). El anuncio de fuego tiene un horizonte de devastación real. La comparación con un bosque no lo reduce a una enseñanza abstracta sobre malas actitudes sin consecuencias para la comunidad.

El Nuevo Testamento distingue la salvación recibida por gracia y las obras que esa gracia produce. Somos salvos por medio de la fe y creados en Cristo Jesús para buenas obras (Efesios 2:8–10). La respuesta cristiana a la advertencia no consiste en comprar el favor de Dios mediante una cantidad de actos buenos, sino en acudir al Salvador y dejar que su gracia transforme una conducta por la que debemos rendir cuentas.

Texto original e imagen del bosque

כִּפְרִי מַעַלְלֵיכֶם, kifri ma‘aleleikhem, significa «según el fruto de sus acciones». יַעַר, ya‘ar, es «bosque». La palabra aporta una imagen de materia abundante alcanzada por el fuego; su relación con el lenguaje de los cedros reales se comprende por el contexto, sin borrar la expresión conservada en el versículo.

Aplicación editorial

Si tienes responsabilidad sobre otros, examina cómo afecta tu conducta a quienes dependen de ti. No uses tu posición, tus recursos o tu participación religiosa para mantener un abuso. Pide al Padre, por medio de Jesucristo, que te guíe a reconocer el daño y a practicar la justicia que su palabra exige.

Nueva Traducción BibliaTodo (estudio): Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT). Publicada por BibliaTodo Bible Society, sello editorial de BibliaTodo LLC. https://www.bibliatodo.com/ntbt/ Información de derechos ↗