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Salmos

Capítulo 79
Nueva Traducción BibliaTodo (estudio)
1

Los números pequeños indican el versículo y no forman parte del texto.

📚 Introducción al libro de Salmos

Salmos: oración, sabiduría y esperanza ante Dios

Salmos enseña a llevar toda la vida delante de Jehová: la alegría y el dolor, la culpa y el perdón, la gratitud y las preguntas que todavía esperan respuesta. Sus ciento cincuenta poemas forman un libro de oración y alabanza que llama a confiar en el Dios santo, justo y misericordioso.

Un libro con muchas voces

La colección no procede de un único autor ni de una sola circunstancia. Sus inscripciones asocian numerosos salmos con David y conservan también nombres como Asaf, los hijos de Coré, Salomón, Moisés y Etán. Otros poemas no mencionan un nombre. Estas indicaciones deben leerse con atención: pueden señalar autoría, pertenencia a una colección o relación con una persona, según su formulación. No conviene convertir cada nombre en una biografía que el poema no proporciona.

Algunas inscripciones sitúan la oración en un acontecimiento; otras dan indicaciones para el canto o los instrumentos. Forman parte del encabezamiento transmitido del salmo y deben distinguirse de los títulos descriptivos que ayudan a leerlo. Su vocabulario musical no siempre puede explicarse con certeza. Reconocer ese límite es mejor que asignar un significado preciso a cada indicación desconocida.

No existe una fecha única para todo el libro. Sus voces recorren diferentes horizontes de la vida de Israel: la realeza, la adoración en el santuario, la crisis nacional, la experiencia de Babilonia y la esperanza de restauración. Salmos 137:1–4 recuerda el dolor de los cautivos, mientras que Salmos 126:1–3 celebra la restauración y conduce a pedir que Dios complete su obra. Los poemas no dan una cronología completa de su composición ni permiten identificar a todos los responsables de reunirlos.

Cómo se organiza la colección

El libro está dispuesto en cinco grandes partes. Las conclusiones de las primeras cuatro incluyen bendiciones que ayudan a reconocer sus límites; la quinta conduce a la alabanza final de todo lo que respira. El orden no es una biografía continua de David ni una secuencia exacta de fechas.

  • Libro I, Salmos 1–41. La enseñanza sobre los dos caminos y el rey ungido abre la colección. Numerosas oraciones presentan la confianza, el peligro, la confesión y la necesidad de que Jehová escuche.
  • Libro II, Salmos 42–72. La sed de Dios y las súplicas del individuo y de la comunidad se unen a la esperanza de un gobierno justo. La sección termina con una bendición y una referencia a las oraciones de David.
  • Libro III, Salmos 73–89. Las preguntas sobre el bien, la destrucción y el aparente fracaso de las promesas se expresan con especial intensidad. La fidelidad de Dios es invocada dentro de una crisis que no se resuelve negando el sufrimiento.
  • Libro IV, Salmos 90–106. La fragilidad humana se coloca ante la eternidad de Dios. Su reinado, sus obras y la memoria de su trato con Israel sostienen la esperanza más allá de la debilidad de los reyes humanos.
  • Libro V, Salmos 107–150. La gratitud por el rescate, el amor a la enseñanza divina, los cantos de ascenso y la alabanza compartida amplían la respuesta del pueblo. El cierre convoca a alabar a Jehová con todo lo que tiene aliento.

Estas orientaciones muestran el movimiento de cada parte, pero no reducen todos sus poemas a un solo tema. Cada salmo conserva una voz y una unidad propias que deben escucharse antes de relacionarlas con el conjunto.

Aprender a leer poesía bíblica

Las líneas suelen dialogar mediante paralelismos: una puede ampliar, contrastar o explicar a la otra. Árboles, caminos, escudos, aguas, luz y oscuridad permiten percibir la experiencia del orante. Las imágenes no son códigos que exijan descubrir un significado secreto para cada objeto. Su sentido nace del movimiento del poema.

Hay himnos, acciones de gracias, lamentos, confesiones, poemas de sabiduría y cantos relacionados con la realeza. Un lamento puede comenzar con angustia y concluir con confianza, aunque no todos llegan a una resolución visible. La pregunta «¿hasta cuándo?» es una manera de seguir dirigiéndose a Dios; no debe confundirse automáticamente con incredulidad.

En algunos salmos, la inscripción se cuenta como versículo en el hebreo; por eso su numeración puede diferir de la del texto español. Esa diferencia debe distinguirse de una omisión. También conviene observar los cambios de voz: el orante puede hablar a Dios, a la comunidad, a sus adversarios o a sí mismo dentro de un mismo poema.

El Dios al que el pueblo se dirige

Jehová es Creador y Rey, conoce la conducta humana, defiende la justicia y permanece fiel a sus promesas. Su santidad hace imposible tratar el mal como algo indiferente. Su amor leal permite que el pecador se acerque con arrepentimiento y que el afligido pida ayuda sin fingir fortaleza.

Los salmos enseñan a amar la instrucción de Dios y a meditar en ella, pero no presentan la obediencia como un mecanismo para evitar toda aflicción. El justo también llora, espera y necesita ser rescatado. La prosperidad del malvado y el sufrimiento del fiel forman parte de las preguntas que el libro lleva ante el Señor.

Las peticiones de juicio expresan el deseo de que la violencia y el engaño no tengan la última palabra. Algunos poemas suplican directamente la intervención del Juez; otros, como Salmos 149:6–9, presentan a los fieles participando en la ejecución de un juicio escrito. Estas voces deben conservar su fuerza y su contexto, sin convertir una enemistad privada en una autorización divina para castigar. La enseñanza de Jesús de amar a los enemigos y la renuncia apostólica a devolver mal por mal orientan la conducta cristiana: Mateo 5:43–48 y Romanos 12:17–21.

Salmos y Jesucristo

Jesús enseñó a sus discípulos a comprender lo escrito acerca de él en la Ley, los Profetas y los Salmos, en relación con su muerte, su resurrección y el anuncio del perdón a las naciones (Lucas 24:44–47). Esa lectura no exige transformar cada detalle del libro en una predicción directa. Parte del sentido de los poemas y atiende a las conexiones que el conjunto bíblico establece.

La realeza del ungido en Salmos 2 y el señorío y sacerdocio de Salmos 110:1–4 encuentran un alcance decisivo en el Mesías. La oración apostólica aplica Salmos 2 al rechazo de Jesús y reconoce que la oposición no canceló el propósito de Dios (Hechos 4:24–30). El sufrimiento del justo y la esperanza de vindicación también permiten comprender la profundidad de su entrega.

Jesucristo, nuestro Señor y único Salvador, es el fundamento de la esperanza cristiana. La salvación se recibe por gracia mediante la fe; las obras son fruto de esa gracia. El creyente se acerca al Padre por medio del Hijo y aprende a orar guiado por el Espíritu Santo. La voz del Espíritu en las Escrituras no elimina la voz humana de los salmistas: Hechos reconoce que habló por boca de David (Hechos 1:15–16).

Aplicación editorial: orar con los salmos

Escucha primero qué dice el poema, quién habla y qué necesidad presenta. Después puedes responder con sus palabras, reconociendo las diferencias entre su situación y la tuya. Una súplica de un rey de Israel no convierte cada conflicto personal en una guerra santa, y una promesa de cuidado no obliga a negar el dolor.

Puedes llevar al Padre tus preguntas, confesar tu pecado, agradecer sus dones y pedir protección para otros. En Jesucristo, la oración no depende de producir una emoción perfecta. Los salmos forman una confianza que sabe llorar y una alabanza que recuerda de quién procede la vida.

1

Oh Dios, las naciones han invadido tu heredad, han profanado tu santo templo y han convertido Jerusalén en montones de ruinas.

📘 Estudio de Salmos 79:1 · Lamento por la destrucción de Jerusalén

La heredad de Dios ha sido invadida

El lamento comienza presentando al Señor la ruina de la ciudad y la profanación del templo.

Explicación del versículo

La comunidad se dirige a Dios con una descripción urgente: las naciones entraron en su heredad, profanaron su santo templo y redujeron Jerusalén a montones de ruinas. La catástrofe alcanza la tierra, el lugar del culto y la ciudad. Todo es presentado ante el Señor como parte de aquello que le pertenece.

Los posesivos dan forma a la oración. La heredad y el templo son suyos, de modo que el pueblo apela a su relación con Dios en medio de la devastación. No puede restaurar por sí mismo lo perdido, pero todavía puede clamar al que lo había recibido como pueblo.

2 Reyes 25:8–12 narra la quema de la casa de Jehová y de los edificios de Jerusalén, junto con la destrucción de sus murallas y la deportación. La escena del salmo se corresponde con una ruina de esa magnitud. El canto se concentra en la experiencia de la comunidad y no identifica en este verso al rey invasor ni fija una fecha.

La inscripción lo vincula con Asaf. 2 Crónicas 35:15 muestra la continuidad de los cantores llamados hijos de Asaf en la vida del culto. Esa relación permite reconocer una tradición de canto del pueblo, sin concluir que el Asaf de los días de David presenció personalmente la destrucción aquí lamentada.

El comienzo debe leerse junto con el resto de la oración. El pueblo denunciará la violencia de las naciones y también pedirá que sus propios pecados sean expiados. El sufrimiento no elimina la responsabilidad humana, y la confesión no vuelve justa la crueldad de los invasores.

La oración nace donde la seguridad visible ha quedado quebrada. La comunidad no sabe reconstruir la ciudad con palabras, pero presenta su dolor ante Dios. Ese acto de clamor mantiene viva la relación con él en medio de las ruinas.

Texto original y pertenencia

בְּנַחֲלָתֶךָ —benaḥalatekha, «en tu heredad»— presenta la invasión como una irrupción en lo que pertenece a Dios. טִמְּאוּ —timmeʾu, «profanaron»— describe la violación del carácter santo del templo.

2

Han dado los cadáveres de tus siervos como alimento a las aves del cielo, y la carne de tus fieles, a las fieras de la tierra.

📘 Estudio de Salmos 79:2

Los cuerpos quedaron sin protección

La violencia continuó en la deshonra infligida a los muertos del pueblo.

Explicación del versículo

El lamento pasa de los edificios destruidos a los cuerpos de las personas. Los cadáveres de los siervos de Dios fueron dados como alimento a las aves, y la carne de sus fieles a las fieras. La catástrofe se mide ahora por vidas humanas perdidas y por la falta de sepultura.

Siervos y fieles mantienen la relación de los muertos con el Señor. La comunidad los presenta como personas que pertenecían a su pueblo. Esos títulos no convierten al conjunto de la nación en una comunidad sin culpa: más adelante la misma oración confesará sus pecados.

El paralelismo entre cadáveres y carne describe los cuerpos expuestos. El canto no trata los restos como objetos sin importancia. Su abandono forma parte de la deshonra sufrida por personas cuya vida y pertenencia a Dios todavía deben ser reconocidas.

Deuteronomio 28:25–26 había anunciado, entre las consecuencias de la infidelidad del pacto, la derrota y los cadáveres expuestos a las aves y a los animales. La imagen del salmo posee así una gravedad que alcanza tanto la violencia visible como la crisis de la relación con Dios.

El pueblo responde a esa crisis mediante la oración. En lugar de ocultar la escena más dolorosa, la pone delante del Señor. El verso prepara la súplica por justicia que se hará explícita después: la sangre de esos siervos no debe ser tratada como si careciera de valor.

La memoria de los muertos impide reducir el lamento a una pérdida de prestigio nacional. Han muerto personas, y sus cuerpos han quedado expuestos. La restauración que se pide necesita atender al peso humano de esa destrucción.

Texto original y fidelidad recordada

עֲבָדֶיךָ —ʿavadekha, «tus siervos»— y חֲסִידֶיךָ —ḥasidekha, «tus fieles»— expresan pertenencia al Señor. El segundo término se relaciona con la lealtad y la piedad dentro de esa relación.

Aplicación editorial

Cuando acompañes a una familia en duelo, reconoce la vida de la persona que han perdido y trata su dolor con respeto. La esperanza en Cristo te permite estar presente, orar y ayudar de manera concreta sin apresurarte a explicar por qué ocurrió la pérdida.

3

Han derramado su sangre como agua alrededor de Jerusalén, y no hay quien los entierre.

📘 Estudio de Salmos 79:3

Sangre derramada como agua

La abundancia de la matanza y la ausencia de sepultura profundizan el lamento.

Explicación del versículo

La sangre de los siervos fue derramada alrededor de Jerusalén como si fuera agua. La comparación hace sentir una violencia extensa y un desprecio por la vida. Lo que debía ser protegido quedó vertido sin consideración por su valor.

La frase «no hay quien los entierre» añade el desamparo que siguió a la muerte. La comunidad ha quedado tan quebrada que no puede cumplir siquiera el cuidado esperado de los cuerpos. El salmo contempla la ciudad desde la necesidad de los muertos y la impotencia de los sobrevivientes.

Jeremías 14:16 presenta una imagen semejante de personas arrojadas por las calles de Jerusalén a causa del hambre y de la espada, sin quien las entierre. La ausencia de sepultura expresa la magnitud del desastre. El lamento no necesita reducirse a una descripción de edificios para reconocer cuánto se ha perdido.

Génesis 9:5–6 afirma que Dios exige cuentas por la vida humana y vincula su dignidad con haber sido creada a su imagen. En el salmo, la comparación con el agua denuncia una conducta que ha tratado esa vida como algo desechable. La oración apelará al Señor para que la violencia sea reconocida y juzgada.

La sangre derramada reaparecerá en el verso 10 como motivo de una petición de justicia. La comunidad está contando ante Dios lo ocurrido, y esa memoria sostendrá su súplica. El canto no permite que el paso del tiempo borre sin más a las víctimas.

Texto original y comparación de la sangre

שָׁפְכוּ דָמָם כַּמַּיִם —shafekhu damam kammayim, «derramaron su sangre como agua»— presenta el acto violento mediante una imagen de derramamiento abundante. וְאֵין קוֹבֵר —veʾen qover, «y no hay quien entierre»— muestra el abandono posterior.

4

Nos hemos vuelto motivo de insulto para nuestros vecinos, de burla y escarnio para quienes nos rodean.

📘 Estudio de Salmos 79:4

La comunidad quedó expuesta a la burla

La pérdida material fue acompañada por el desprecio de los pueblos vecinos.

Explicación del versículo

El «nosotros» introduce de manera directa a la comunidad que está orando. Después de describir a los muertos y las ruinas, los sobrevivientes cuentan la vergüenza que padecen. Sus vecinos los convierten en motivo de insulto, burla y escarnio.

La cercanía de quienes se burlan intensifica el dolor. Son pueblos que los rodean y pueden observar su debilidad. La derrota se ha convertido en ocasión para negarles dignidad y recordarles constantemente lo perdido.

La acumulación de términos muestra una humillación que acompaña a la violencia. El lamento no considera las palabras como algo irrelevante frente a los edificios y los cuerpos. El desprecio agrava la herida de una comunidad ya quebrada.

El insulto también alcanza la relación con Dios. En el verso 10, las naciones preguntarán dónde está su Dios, y en el verso 12 el pueblo presentará las afrentas como dirigidas al Señor. La burla interpreta la derrota como si demostrara la incapacidad de quien los había tomado por heredad.

1 Pedro 2:21–25 recuerda que Jesús no devolvía los insultos, sino que se encomendaba al que juzga justamente, y que llevó nuestros pecados en su cuerpo. El Salvador ofrece tanto el fundamento del perdón como una dirección para sufrir sin responder con la misma maldad. La confianza en el juicio de Dios permite presentar la afrenta ante él.

Texto original y humillación compartida

חֶרְפָּה —ḥerpah, «insulto» o «afrenta»— y לַעַג וָקֶלֶס —laʿag vaqeles, «burla y escarnio»— describen el desprecio padecido. El plural «nos hemos vuelto» reúne a los que oran dentro de esa experiencia.

Aplicación editorial

Si tú estás siendo objeto de burla, puedes decirle al Padre cuánto te hiere y buscar apoyo fiel. Mira a Jesucristo para responder sin devolver el desprecio. Confiar en el juez justo permite pedir protección y justicia mientras mantienes tu conducta sujeta a su palabra.

5

¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Estarás enojado para siempre? ¿Arderá tu celo como el fuego?

📘 Estudio de Salmos 79:5

¿Hasta cuándo seguirá la ira?

La comunidad lleva ante Jehová su temor de que la aflicción no tenga fin.

Explicación del versículo

Las preguntas se dirigen al Señor en medio de una catástrofe que parece prolongarse. «¿Hasta cuándo?» pide un límite, y «¿para siempre?» expresa el temor de que la ira no cese. La comunidad no encuentra por sí misma una salida y busca una respuesta en Dios.

El celo que arde como fuego recuerda la seriedad de la relación del pacto. El salmo anterior había denunciado la idolatría que provocó los celos del Señor. Aquí, los sobrevivientes reconocen que su dolor se desarrolla también dentro de una crisis de esa relación.

La imagen del fuego comunica una aflicción intensa que parece consumir las posibilidades de seguir adelante. La oración no trata al Señor como indiferente ni al pueblo como dueño de un derecho automático a la protección. Le pide que su respuesta no quede detenida en la ira.

La pregunta es una súplica, no una declaración de que Dios haya dejado de ser compasivo. Precisamente porque esperan algo de él continúan dirigiéndose a su nombre. Los versos 8–9 pedirán que su compasión llegue pronto y que él expíe sus pecados.

El recuerdo de la compasión de Dios en Salmos 78:38 ayuda a comprender esa esperanza. A lo largo de la historia había apartado muchas veces su ira y no había destruido por completo al pueblo. Ahora la comunidad pide volver a experimentar esa misericordia en su propia crisis.

Texto original y pregunta de duración

עַד מָה —ʿad mah, «¿hasta cuándo?»— reclama un término para la aflicción. קִנְאָתֶךָ —qinʾatekha, «tu celo»— sitúa el dolor dentro de la relación del Señor con su pueblo.

Aplicación editorial

Si tu oración se ha reducido a preguntar cuánto más podrás soportar, puedes decirlo al Padre con sinceridad. Acude a él por medio de Jesucristo y pide ayuda para seguir escuchando su palabra. La angustia puede encontrar una voz ante Dios aun antes de que conozcas el final de la aflicción.

6

Derrama tu furor sobre las naciones que no te conocen y sobre los reinos que no invocan tu nombre.

📘 Estudio de Salmos 79:6

La comunidad apela al juez de las naciones

La petición de ira se dirige a Dios frente a los reinos que devastaron a su pueblo.

Explicación del versículo

El pueblo pide que el furor divino se derrame sobre las naciones que no conocen al Señor ni invocan su nombre. La oración cambia el foco desde la ira que teme para sí hacia el juicio que reclama sobre los invasores. La comunidad presenta su causa al que tiene autoridad sobre los reinos.

No conocer a Dios e invocar su nombre son expresiones de relación y reconocimiento. En este contexto, los reinos se describen como poderes que actúan sin reverencia ante él. El verso siguiente precisará su conducta: devoraron a Jacob y dejaron desolada su morada.

Jeremías 10:23–25 conserva una petición muy cercana, precedida por la súplica de corrección justa para quien ora. Allí también se pide juicio sobre las naciones que han consumido a Jacob. La semejanza confirma que la oración se sitúa en el dolor de un pueblo devastado y en su apelación a la justicia de Dios.

La petición no debe separarse del testimonio de Salmos 67:3–5, donde se desea que todas las naciones alaben al Dios que juzga con equidad. El juicio de la violencia y el reconocimiento del Señor por los pueblos pertenecen al horizonte de la oración bíblica.

Mateo 5:43–48 llama a amar a los enemigos y orar por los perseguidores, y Romanos 12:17–21 prohíbe la venganza personal mientras afirma la retribución de Dios. Al leer este lamento, el creyente en Cristo puede confiarle la justicia sin convertir el dolor en una autorización para dañar al adversario.

Texto original y reconocimiento de Dios

אֲשֶׁר לֹא יְדָעוּךָ —asher lo yedaʿukha, «que no te conocen»— describe a las naciones ante Dios. בְשִׁמְךָ לֹא קָרָאוּ —veshimkha lo qaraʾu, «no invocaron tu nombre»— añade la falta de reconocimiento que acompaña su conducta.

7

Porque han devorado a Jacob y han dejado desolada su morada.

📘 Estudio de Salmos 79:7

Han devorado a Jacob

El clamor por justicia nace de la destrucción concreta que sufrió el pueblo.

Explicación del versículo

El «porque» ofrece la razón de la petición anterior. Los invasores devoraron a Jacob y dejaron desolada su morada. La oración señala una violencia real y sus consecuencias; la comunidad no está pidiendo juicio por una simple diferencia entre pueblos.

Jacob designa a Israel mediante el nombre de su antepasado. Devorarlo es una imagen de destrucción: los enemigos han tratado al pueblo como algo que puede ser consumido. El comienzo del salmo ya mostró esa violencia mediante los cadáveres, la sangre y las ruinas.

La morada desolada incluye el lugar de vida que quedó arruinado. La oración reúne a las personas y al espacio que habitaban. La pérdida de hogares y del centro de culto forma parte de la misma devastación, aunque el verso no enumere aquí todos los edificios afectados.

Jeremías 10:23–25 utiliza también el lenguaje de devorar, consumir y dejar desolada la morada de Jacob. La repetición de esas imágenes presenta a Dios una causa que necesita ser juzgada. La crueldad del invasor no se vuelve justa porque el pueblo reconozca también su propio pecado.

El salmo terminará llamando a la comunidad ovejas del prado de Dios. La imagen del pueblo devorado adquiere así un peso especial: el rebaño necesita que su Pastor intervenga. La oración busca protección y restauración en el Señor al que todavía reconoce como dueño de su vida.

Texto original y pueblo destruido

אָכַל אֶת יַעֲקֹב —ʾakhal ʾet Yaʿaqov, «devoró a Jacob»— expresa la destrucción mediante la imagen de consumir. נָוֵהוּ —navehu, «su morada»— dirige la atención al lugar de habitación que quedó desolado.

8

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros antepasados; que tu compasión salga pronto a nuestro encuentro, porque estamos muy abatidos.

📘 Estudio de Salmos 79:8

Que la compasión salga a nuestro encuentro

La comunidad pide misericordia dentro de una historia de culpa que la ha dejado abatida.

Explicación del versículo

El pueblo pide que Dios no recuerde contra ellos las culpas de sus antepasados y que su compasión llegue pronto. El clamor reconoce una historia de infidelidad que precede a quienes ahora oran. La devastación presente no puede comprenderse sin esa memoria.

No recordar contra ellos significa pedir que la culpa no siga siendo presentada como causa de condena. La oración no supone que Dios haya perdido información ni intenta negar lo que ocurrió. Busca un trato misericordioso capaz de abrir un futuro para la comunidad.

Lamentaciones 5:7 expresa el dolor de cargar con las consecuencias de las culpas de los padres. Sin embargo, el mismo capítulo confiesa en Lamentaciones 5:16 que quienes oran también han pecado. Esa combinación ayuda a leer el salmo: el pasado importa, pero no elimina la responsabilidad de la generación presente, que confesará «nuestros pecados» en el verso 9.

Jeremías 31:29–34 distingue la responsabilidad personal y anuncia un nuevo pacto en el que Dios perdonará la culpa y no recordará el pecado. La Escritura permite así diferenciar entre las consecuencias que una generación recibe y la responsabilidad de cada persona ante el Señor.

La compasión es presentada como si pudiera adelantarse y salir al encuentro del pueblo. La urgencia nace de su abatimiento: han quedado muy débiles. Su esperanza depende de la misericordia de Dios, y no de la capacidad de reconstruir por sí mismos la relación quebrada.

Texto original y misericordia urgente

עֲוֹנֹת רִאשֹׁנִים —ʿavonot rishonim— se refiere aquí a las culpas de quienes los precedieron. יְקַדְּמוּנוּ רַחֲמֶיךָ —yeqaddemunu raḥamekha, «que tus compasiones salgan a nuestro encuentro»— presenta la ayuda divina como la iniciativa que necesitan.

Aplicación editorial

Tú puedes reconocer daños que recibiste de decisiones anteriores sin dejar de asumir tus propias decisiones ante Cristo. Pide al Padre su compasión, confiesa con verdad lo que te corresponde y busca ayuda para responder de una manera distinta. Su gracia te permite mirar el pasado sin convertirlo en un destino inevitable.

9

Ayúdanos, Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; líbranos y expía nuestros pecados por causa de tu nombre.

📘 Estudio de Salmos 79:9

Líbranos y expía nuestros pecados

La petición de salvación une la necesidad de protección con la necesidad del perdón.

Explicación del versículo

El pueblo llama a Dios «Dios de nuestra salvación» y le pide ayuda, liberación y expiación. La oración ya no habla solamente de lo que hicieron los invasores o los antepasados. Reconoce «nuestros pecados» y busca que el Señor trate con la culpa de quienes ahora claman.

La liberación y el perdón son necesidades relacionadas, aunque no idénticas. La comunidad necesita ser protegida de la violencia y necesita restaurar su relación con Dios. El reconocimiento de una no elimina la otra: pedir justicia por el daño sufrido puede ir acompañado de una confesión sincera.

La gloria del nombre de Dios es el motivo repetido de la súplica. Su nombre expresa quién es y cómo ha dado a conocer su carácter. El pueblo pide que su respuesta manifieste su poder para salvar y su misericordia para perdonar.

Expía nuestros pecados es una petición dirigida a Dios. La comunidad no puede borrar su culpa mediante el sufrimiento padecido ni comprar el perdón con una promesa de alabanza. Se presenta necesitada de la acción misericordiosa del Señor.

Hebreos 9:11–14 anuncia que Jesucristo entró de una vez para siempre por su propia sangre y obtuvo redención eterna. Su entrega purifica la conciencia para servir al Dios vivo. La lectura cristiana de esta súplica encuentra en el Salvador el fundamento del perdón que recibimos por gracia mediante la fe.

La finalidad del perdón alcanza la vida. La salvación permite volver al Señor y responder a su palabra. La alabanza del cierre será la gratitud del pueblo restaurado, cuyo futuro depende de la compasión divina.

Texto original y petición de expiación

וְכַפֵּר —vekhapper, «y expía»— pide que Dios trate con la culpa. לְמַעַן שְׁמֶךָ —lemaʿan shemekha, «por causa de tu nombre»— repite el motivo de la oración: que la respuesta manifieste quién es el Señor.

Aplicación editorial

Acércate al Padre por medio de Jesucristo con tus necesidades y con tus pecados. Puedes pedir protección frente al mal que sufres y confesar el mal que has hecho. Recibe el perdón como un don de gracia y responde con una vida que procure la verdad, la reparación y el servicio.

10

¿Por qué han de decir las naciones: «¿Dónde está su Dios?»? Que ante nuestros ojos se conozca entre las naciones la venganza por la sangre derramada de tus siervos.

📘 Estudio de Salmos 79:10

Que la sangre derramada sea reconocida

El pueblo pide una respuesta pública de Dios frente a la violencia y la burla.

Explicación del versículo

Las naciones preguntan dónde está el Dios de Israel. La ruina de la ciudad se ha convertido en argumento de burla contra su Señor. La comunidad pide que él manifieste su justicia y que no permita que la sangre derramada quede tratada como algo sin importancia.

La venganza pedida pertenece a Dios. El pueblo presenta la sangre de sus siervos como una causa que requiere juicio. La oración no transforma el sufrimiento en una orden para que cada sobreviviente ejerza represalias por su cuenta.

La frase «ante nuestros ojos» expresa el deseo de ver la respuesta. Los que han contemplado la destrucción quieren reconocer también una acción divina que haga justicia. La petición tiene una dimensión pública porque la violencia y la burla se hicieron visibles entre las naciones.

Apocalipsis 6:9–11 muestra a quienes murieron por la palabra de Dios clamando por el juicio y la vindicación de su sangre. Reciben una respuesta de reconocimiento y una llamada a esperar. El pasaje mantiene la justicia en manos del Señor, que conoce tanto a las víctimas como el tiempo de su intervención.

Romanos 12:17–21 prohíbe la venganza personal y manda vencer el mal con el bien. La confianza en la justicia divina puede acompañar la oración por protección y por la verdad, mientras el creyente en Jesucristo mantiene su propia conducta sujeta a la enseñanza del Salvador.

Texto original y justicia de la sangre

נִקְמַת דַּם —niqmat dam, «venganza por la sangre»— expresa una retribución frente al derramamiento de vida. לְעֵינֵינוּ —leʿenenu, «ante nuestros ojos»— hace explícito el deseo de presenciar la respuesta de Dios.

Aplicación editorial

Puedes llevar ante el Padre una injusticia que todavía no ha recibido respuesta. Nombra con verdad el daño y pide protección y juicio justo, confiando en Cristo. Procura que tu respuesta no repita la crueldad que denuncias y busca la ayuda adecuada para proteger a quienes siguen en riesgo.

11

Que llegue delante de ti el gemido del cautivo; con la grandeza de tu brazo, conserva la vida de los condenados a muerte.

📘 Estudio de Salmos 79:11

Que el gemido del cautivo llegue ante Dios

La súplica se concentra en quienes todavía viven bajo la amenaza de la muerte.

Explicación del versículo

La oración pide que Dios escuche el gemido del cautivo y preserve a los condenados a muerte. Después de recordar a los muertos, mira a las personas que todavía pueden ser libradas. La justicia solicitada incluye protección de la vida presente.

El gemido expresa una voz debilitada por el encierro y la amenaza. Puede no tener la fuerza de los discursos de los reinos ni de los insultos de los vecinos. El pueblo pide que llegue hasta la presencia de Dios y sea atendido por él.

La grandeza del brazo divino presenta el fundamento de la petición. El cautivo no tiene poder suficiente para cambiar su situación, pero el Señor sí puede intervenir. El lenguaje recuerda la acción poderosa con que había rescatado a Israel de la esclavitud.

Salmos 102:19–20 reúne las mismas necesidades: el Señor contempla desde los cielos para escuchar al cautivo y liberar a los condenados a muerte. La oración bíblica reconoce que la debilidad de quien gime no impide que sea oído por Dios.

Hebreos 13:3 llama a la comunidad cristiana a recordar a los presos como si estuviera presa con ellos y a los maltratados reconociendo su propia condición corporal. La súplica por la intervención divina puede ir acompañada por una solidaridad concreta con las personas que sufren.

Texto original y amenaza de muerte

אֶנְקַת אָסִיר —ʾenqat ʾasir, «gemido del cautivo»— pone su dolor en el centro de la petición. בְּנֵי תְמוּתָה —benei temutah, literalmente «hijos de muerte»— designa aquí a quienes están bajo amenaza mortal, por cuya vida se ruega.

Aplicación editorial

Recuerda ante Dios a una persona encarcelada o sometida a maltrato y considera qué ayuda responsable puedes ofrecerle a ella o a su familia. La confianza en Jesucristo te permite orar por su vida y sostener una atención que no dependa de que su sufrimiento sea públicamente visible.

12

Devuelve a nuestros vecinos siete veces, en su propio pecho, los insultos con que te han insultado, Señor.

📘 Estudio de Salmos 79:12

Que la afrenta vuelva sobre quienes la causaron

La comunidad pide al Señor una retribución completa por los insultos dirigidos contra él.

Explicación del versículo

El pueblo pide que los vecinos reciban de vuelta siete veces los insultos con que han ofendido al Señor. La súplica recoge el escarnio del verso 4 y lo presenta como una afrenta contra Dios. Quienes se burlaron de la derrota no solo despreciaron a una comunidad; utilizaron su dolor para negar la dignidad de su Señor.

La expresión «siete veces» intensifica la petición de retribución. Se desea una respuesta completa, suficiente para que el insulto no permanezca sin juicio. La poesía manifiesta la fuerza del clamor y no ofrece un procedimiento para que el pueblo calcule y ejecute castigos.

El propio pecho representa la llegada de la consecuencia hasta quienes hicieron el daño. La imagen pide que la afrenta vuelva sobre sus autores, en vez de continuar pesando solamente sobre los humillados. El destinatario de la orden sigue siendo el Señor.

El cierre de la petición debe leerse junto con la confesión del verso 9. La comunidad pide misericordia por sus pecados y justicia por la violencia de otros. Ambas necesidades quedan sometidas al juicio de Dios, cuya gloria es el motivo declarado de la oración.

En Mateo 18:21–22, Jesús responde a la pregunta sobre perdonar siete veces ampliando radicalmente el horizonte del perdón. Su enseñanza y la prohibición de la venganza personal en Romanos 12:17–21 orientan la respuesta cristiana ante este clamor. El dolor puede ser presentado al juez justo mientras el discípulo aprende a perdonar y a vencer el mal con el bien.

Texto original y retribución pedida

שִׁבְעָתַיִם —shivʿatayim, «siete veces»— expresa la intensidad de la retribución solicitada. אֶל חֵיקָם —ʾel ḥeqam, «a su propio pecho»— presenta el resultado como algo que vuelve y alcanza a sus autores.

13

Entonces nosotros, tu pueblo y ovejas de tu prado, te daremos gracias para siempre; de generación en generación contaremos tu alabanza.

📘 Estudio de Salmos 79:13

El rebaño espera volver a dar gracias

La oración termina con una promesa de alabanza que alcanzará a las generaciones siguientes.

Explicación del versículo

La comunidad se identifica como el pueblo de Dios y las ovejas de su prado. Después de las ruinas, la sangre y el cautiverio, todavía apela a su pertenencia al Señor. El lamento no termina entregando al enemigo la última palabra acerca de su identidad.

La imagen del rebaño expresa dependencia y cuidado. El pueblo necesita que Dios lo preserve y lo conduzca. También enlaza con el salmo anterior, donde él sacó a Israel como a ovejas y eligió a David para pastorearlo.

La promesa de dar gracias mira hacia la restauración solicitada. El pueblo no está afirmando que la ciudad ya haya sido reconstruida ni que todos los cautivos hayan vuelto. Expresa la respuesta que desea ofrecer al experimentar la ayuda del Señor.

La alabanza se extenderá de generación en generación. El relato que debe transmitirse incluirá la misericordia recibida después de la aflicción. Así, el cierre vuelve a la responsabilidad de contar a los hijos lo que Dios ha hecho, un motivo central del salmo anterior.

Salmos 100:3–5 une también la identidad del pueblo como rebaño con la acción de gracias y la fidelidad divina de generación en generación. La alabanza nace del reconocimiento de quién es el Señor y de su bondad persistente.

Hebreos 13:20–21 presenta a nuestro Señor Jesús como el gran Pastor de las ovejas, levantado de entre los muertos por el Dios de paz. Por medio de él, el Padre prepara a los creyentes para hacer su voluntad. La esperanza de su rebaño descansa en el Salvador vivo y conduce a una gratitud que alcanza la vida.

Texto original y alabanza transmitida

צֹאן מַרְעִיתֶךָ —tsoʾn marʿitekha, «ovejas de tu prado»— expresa pertenencia y dependencia. לְדֹר וָדֹר —ledor vador, «de generación en generación»— extiende la promesa de contar la alabanza más allá de quienes ahora oran.

Aplicación editorial

Cuando recibas ayuda del Señor, cuéntala con verdad y gratitud a quienes vienen después. Si todavía esperas alivio, puedes seguir acercándote a Cristo como parte de su rebaño. La oración y la alabanza permiten mantener la esperanza sin fingir que el dolor ya terminó.

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