✝️ Testimonio
Durante mucho tiempo
Durante mucho tiempo pensé que tener fe significaba que las cosas siempre terminarían saliendo bien. Pero hubo una etapa de mi vida en que ocurrió exactamente lo contrario.
Perdí mi trabajo, comenzaron los problemas económicos y poco a poco también perdí la tranquilidad. Cada mañana despertaba pensando en las cuentas, en mi familia y en cómo iba a enfrentar el día siguiente.
Yo decía creer en Dios, pero en esos momentos comencé a preguntarme: “Señor, ¿dónde estás?”
Una noche, después de mucho tiempo sin hacerlo, me senté solo y oré. No fue una oración bonita ni llena de palabras especiales. Simplemente le dije a Dios:
“Señor, tengo miedo. No sé qué hacer y ya no puedo con todo esto solo. Ayúdame.”
Al día siguiente mis problemas seguían ahí. No apareció dinero milagrosamente ni recibí una llamada ofreciéndome el trabajo perfecto.
Pero algo comenzó a cambiar dentro de mí.
Empecé a comprender que quizás la presencia de Dios no siempre se manifiesta quitándonos inmediatamente las dificultades. A veces se manifiesta dándonos fuerzas para atravesarlas.
También aparecieron personas en mi camino.
Un amigo me llamó simplemente para saber cómo estaba. Una persona me ayudó con alimentos cuando más los necesitaba. Alguien me recomendó para un pequeño trabajo. Eran cosas sencillas, pero cada una llegó en el momento preciso.
Entonces comprendí algo que nunca olvidé:
Muchas veces pedimos que Dios extienda su mano desde el cielo, sin darnos cuenta de que puede estar utilizando las manos de las personas que tenemos a nuestro lado.
Con el tiempo conseguí nuevamente trabajo y pude comenzar a ordenar mi vida. Sin embargo, lo más importante que recuperé no fue mi estabilidad económica.
Recuperé la esperanza.
Aquella experiencia también cambió mi manera de mirar a los demás. Antes podía pasar junto a una persona necesitada pensando que alguien más la ayudaría. Hoy intento detenerme.
Porque quizás una conversación, un plato de comida, una llamada, una oportunidad o simplemente escuchar a alguien puede convertirse en la respuesta a una oración que nunca escuchamos.
Jesús nos enseñó:
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis.”
— Mateo 25:35
Hoy sigo teniendo problemas y días difíciles. Mi vida no se volvió perfecta por creer en Dios.
Pero aprendí que la fe no consiste solamente en esperar un milagro.
También consiste en levantarse, confiar, ayudar al que tenemos al lado y permitir que Dios utilice nuestra vida para hacer el bien.
Quizás alguien que está leyendo esto hoy también esté pasando por un momento difícil.
No conozco tu historia ni sé exactamente lo que estás viviendo, pero quiero dejarte algo que yo también tuve que aprender:
No pierdas la esperanza.
Y si hoy tienes la posibilidad de ayudar a otra persona, aunque sea con algo pequeño, hazlo.
Porque para ti puede ser solamente un pequeño gesto.
Para alguien más, puede ser la respuesta que estaba esperando.Este tipo de testimonio encaja especialmente bien con la idea de AyudaGlobal, porque conecta la fe cristiana con la ayuda concreta entre personas y no gira en torno a pedir dinero.
Perdí mi trabajo, comenzaron los problemas económicos y poco a poco también perdí la tranquilidad. Cada mañana despertaba pensando en las cuentas, en mi familia y en cómo iba a enfrentar el día siguiente.
Yo decía creer en Dios, pero en esos momentos comencé a preguntarme: “Señor, ¿dónde estás?”
Una noche, después de mucho tiempo sin hacerlo, me senté solo y oré. No fue una oración bonita ni llena de palabras especiales. Simplemente le dije a Dios:
“Señor, tengo miedo. No sé qué hacer y ya no puedo con todo esto solo. Ayúdame.”
Al día siguiente mis problemas seguían ahí. No apareció dinero milagrosamente ni recibí una llamada ofreciéndome el trabajo perfecto.
Pero algo comenzó a cambiar dentro de mí.
Empecé a comprender que quizás la presencia de Dios no siempre se manifiesta quitándonos inmediatamente las dificultades. A veces se manifiesta dándonos fuerzas para atravesarlas.
También aparecieron personas en mi camino.
Un amigo me llamó simplemente para saber cómo estaba. Una persona me ayudó con alimentos cuando más los necesitaba. Alguien me recomendó para un pequeño trabajo. Eran cosas sencillas, pero cada una llegó en el momento preciso.
Entonces comprendí algo que nunca olvidé:
Muchas veces pedimos que Dios extienda su mano desde el cielo, sin darnos cuenta de que puede estar utilizando las manos de las personas que tenemos a nuestro lado.
Con el tiempo conseguí nuevamente trabajo y pude comenzar a ordenar mi vida. Sin embargo, lo más importante que recuperé no fue mi estabilidad económica.
Recuperé la esperanza.
Aquella experiencia también cambió mi manera de mirar a los demás. Antes podía pasar junto a una persona necesitada pensando que alguien más la ayudaría. Hoy intento detenerme.
Porque quizás una conversación, un plato de comida, una llamada, una oportunidad o simplemente escuchar a alguien puede convertirse en la respuesta a una oración que nunca escuchamos.
Jesús nos enseñó:
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis.”
— Mateo 25:35
Hoy sigo teniendo problemas y días difíciles. Mi vida no se volvió perfecta por creer en Dios.
Pero aprendí que la fe no consiste solamente en esperar un milagro.
También consiste en levantarse, confiar, ayudar al que tenemos al lado y permitir que Dios utilice nuestra vida para hacer el bien.
Quizás alguien que está leyendo esto hoy también esté pasando por un momento difícil.
No conozco tu historia ni sé exactamente lo que estás viviendo, pero quiero dejarte algo que yo también tuve que aprender:
No pierdas la esperanza.
Y si hoy tienes la posibilidad de ayudar a otra persona, aunque sea con algo pequeño, hazlo.
Porque para ti puede ser solamente un pequeño gesto.
Para alguien más, puede ser la respuesta que estaba esperando.Este tipo de testimonio encaja especialmente bien con la idea de AyudaGlobal, porque conecta la fe cristiana con la ayuda concreta entre personas y no gira en torno a pedir dinero.
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